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Hay tareas que el ente rector del balompié nacional tendrá que abordar para evitar que todo lo avanzado de la mano de Bielsa se vaya al tacho de la basura y evitar un retroceso a lo ya realizado. Que esta vez no se deseche tan rápido lo que algunos connotados entrenadores llegados desde el Viejo Continente, aportaron en su momento a nuestro fútbol.
Por Roberto Vallejos
El Mundial de Sudáfrica queda atrás, marcando el debate del momento, si España es un justo campeón, si Forlán fue realmente el Mejor Jugador del Campeonato, por qué Holanda refleja históricamente limitantes en la disputa de tres finales, etc., etc. Y para todos quienes el fútbol es una verdadera pasión, es imposible sustraerse al diálogo, incluso a veces en conversaciones subidas de tono, para marcar nuestros gustos y opiniones. Para Chile, sin embargo, el análisis debe ser claro y profundo, sin pasiones extremas, simplemente definir el camino definitivo que nos lleve, quizás, a definir estilos, determinar debilidades y fortalezas, establecer prioridades, una organización técnica coherente, políticas de formación, etc. En fin, tareas que el ente rector del balompié nacional tendrá que abordar para evitar que todo lo avanzado de la mano de Bielsa se vaya al tacho de la basura y evitar un retroceso a lo ya realizado. Que esta vez no se deseche tan rápido lo que algunos connotados entrenadores llegados desde el Viejo Continente, aportaron en su momento a nuestro fútbol. Y en verdad no son muchos los entrenadores foráneos que han dejado huellas imborrables en su paso por el país, más allá de una buena cosecha de títulos locales, pero nada en formación o proyección. Cuentan que el húngaro Francisco Platko, a fines de los ‘30 -se llenó de gloria con Colo Colo y también lució con la Selección- fue un verdadero revolucionario que trajo ideas y formas de trabajo europeas que marcaron un cambio favorable para nuestro fútbol. El jugador nacional de esa época conoció en su real dimensión lo que era táctica y demostró que con trabajo, disciplina y una buena conducción, rendía a un alto nivel. De su paso, nada quedó. No hubo escuela. La excepción se produjo a fines de los ‘50, cuando retorna al país un compatriota, Fernando Riera, para obtener con la Roja el histórico tercer lugar en el Mundial realizado en casa. Riera traía una formación europea que encontró plena respuesta en los jóvenes de esa época. Ese logro tuvo eco, surgieron muchos seguidores a su causa, aunque con el tiempo esa escuela derivó en una inercia que terminó por hacer vegetar nuestro fútbol por largo tiempo. Hasta hoy muchos siguen sus mandamientos. A fines de los ‘80 llegó Mirko Jozic, conocido por el título de campeón juvenil con Yugoslavia en 1987, realizado en muestro país. Con nuevas formas de trabajo, disciplina y táctica adecuada, le permitió a Colo Colo transformarse en campeón de la Copa Libertadores de América de 1991. A la postre, el único título internacional conseguido hasta el momento por nuestro fútbol. Pero su tarea no fue fácil. Se le trató con indiferencia cuando vino en 1988, en primera instancia, para trabajar en las divisiones menores del cacique, labor que abortó al poco tiempo, regresando a su patria. Recuerdo que hasta lo tildaron de retrógrado en sus proyectos. Y en su vuelta, el 91 ya como técnico del primer equipo albo, nuevamente fue resistido por sus pares y no siempre contó con una verdadera respuesta de sus jugadores, en gran parte añorando el estilo paternalista de Arturo Salah, en las temporadas anteriores. Lamentablemente luego optó por el camino más fácil: "si no puedes con tus enemigos, mejor únete a ellos". Así fue como Jozic "chilenizó" su discurso y perdió la fuerza que lo llevó a la conquista de la Libertadores. Pero su efecto quedó, dejó una lección y es imborrable. Casi 20 años después, el turno le corresponde a Marcelo Bielsa. Sin duda, entre los mejores del mundo. Y está aquí. Recuerdo haber dialogado con Harold Mayne Nicholls en un programa de TV cuando recién llegaba el DT argentino y le consulté: "¿Por qué no contratarlo hasta el 2014 y unir una tarea formativa, de alcance nacional, con un objetivo competitivo para el Mundial de Brasil?" Su respuesta fue "no están dadas las condiciones para hacerlo, por lo que nuestro objetivo es concurrir a Sudáfrica el 2010". No compartí su opinión. El balompié criollo requiere de una cirugía mayor. Y es el momento para hacerlo, capitalicemos a Bielsa y no repitamos la desidia del pasado. |