El “Nano” Fernández partió con la Estadio bajo el brazo PDF Imprimir E-mail

Chile, tierra de no muchos arqueros pero sí emblemáticos, vio partir esta mañana a uno de sus hijos más ilustres: Hernán Fernández, el Nano, quien a los 92 años y tras una larga enfermedad falleció para ir a cubrir los tres palos del cielo. Ex arquero campeón con Unión Española y de la Selección Chilena, tuvo el honor de ser la portada de la primera revista Estadio en 1941. 

 

Por Ignacio Pérez Tuesta

 

 

El comentar o escribir sobre un hecho del que no se fue testigo o sobre alguien a quien uno no ha conocido mayormente y menos se le ha visto actuar, tiene el doble filo de la ecuanimidad que da la distancia y a la vez la carencia de los detalles y la irremplazable vivencia personal. 

Siempre había escuchado hablar del Nano Fernández. Arquero titular de los dos primeros títulos de Unión Española (1943 y 1951), seleccionado chileno en una decena de partidos y, según los que frecuentaban los estadios en los ’40, el único que le podía hacer sombra a Sergio Livingstone.

Pero lo que más me impresionó, fue cuando tuve hace muchos años en mis manos la primera edición de la revista Estadio. Con olor a humedad y una tapa que hoy sería una locura para los diseñadores y diagramadores de prensa escrita. Ahí estaba con cara de joven, el famoso Hernán Fernández. 

Siempre me quedó la interrogante clásica de “¿estará vivo?”, hasta que una buena tarde alguien me dijo que no sólo estaba vivo sino que muy lúcido y un aceptable estado de salud. Pasaron los años y hace tres años, en una premiación, lo vi sentado junto a su señora ya que se le iba a homenajear por su trayectoria y por sus títulos con Unión Española.

Ese atardecer además, llegó Sergio Livingstone y delante de todos reconoció la dura lucha que tenían en el arco en los cuarenta. El Nano Fernández asentía con la cabeza y se dieron un abrazo. Esa imagen, fue ver el fútbol de los cuarenta y cincuenta, donde para jugar había que ser guapo de verdad y para ser arquero, además había que tener ciertos rasgos suicidas.

Épocas en que los goleros no tenían el problema “jabulanístico” con la pelota, sino que debían tener las manos sin guantes para atajar las pelotas que pesaban dos kilos, y los huesos duros de roer para aguantar revolcarse en canchas de incipiente pasto y áreas llenas de hoyos y tierra. 

La última vez que vi al Nano Fernández fue el año pasado subiendo lentamente las escalinatas del Santa Laura cuando Unión Española le rindió un homenaje, más que merecido. Aunque algo tarde, el fútbol y en especial los clubes comenzaron a entender que el reconocer su pasado sólo le reportará réditos en el presente. Eso es parte importante de la educación. 

Hoy partió la primera portada de la revista Estadio. Por eso, sus atajadas y sus títulos, el Nano será un inolvidable.   

 

 

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